LA MUERTE ES GANANCIA
(Filipenses 1:21 TLA)
Solo aquel que ha pasado por una tempestad en su vida sabe a ciencia cierta y por experiencia propia, lo que cuesta reconstruirse. Es una proeza mantenerse en pie y sonreír cuando en tu interior hay escombros causados por las acciones absurdas e inexplicables de personas que eran supuestamente confiables, por la frustración de no poder ver cumplidos con éxito proyectos en los que hemos puesto nuestra esperanza, por un mal diagnóstico de salud o por la pérdida intempestiva de un familiar amado; adicionalmente, nos abstenemos de reconocer las pequeñas victorias que podemos tener en nuestro día a día y nos negamos el derecho a sentir, vivir, llorar o temer al futuro, con el único objetivo de aparentar ante el mundo que somos fuertes y valientes y que nada nos puede derribar.
No hay nada más insensato que resistirse a nuestra condición humana. No somos seres inertes a los que no les afecta nada a su alrededor. Es normal que nos duelan los cambios, más aún cuando no entendemos las razones que los originan. Lo que no podemos normalizar es el entregarnos voluntariamente a los estragos de la depresión silenciosa, el estrés postraumático, la confusión o lo que es peor la falta de enfoque en nuestra propia protección y seguridad, para darle poder a personas y circunstancias de vernos destruidos y sin esperanza.
Me divorcié, no una, sino dos veces. He tenido que lidiar con la culpa, la decepción, el dolor y lo que es peor, el caos de una mente que no logra comprender lo que sucedió. Recoger uno a uno los trozos de mi corazón en medio de un duelo que no esperaba repetir. Fue morir de un momento a otro como preámbulo a la comprensión de una única verdad en mi vida, Jesús es mi único amor; no estoy sola porque Él está conmigo; y que en sus manos, mi propio ser cobra valor e identidad. Tuve que morir, para volver a vivir; pero esta vez, alineada total y plenamente al propósito divino de mi existencia.
No estaba preparada para tropezar con la misma piedra dos veces o mejor dicho, con una piedra tres veces más grande que la primera. Di por sentado TODO, puse mi mirada en un ser imperfecto como yo y la historia de mi vida dio un giro inesperado, cuál novela mexicana que mezcla drama, terror y lágrimas.
En mis momentos de más densa oscuridad he entendido que el amor infinito de Dios se manifiesta de tal manera que nos proporciona pleno conocimiento del para que de las cosas. Solo sabes que tan fuerte eres cuando afrontas con gallardía la pérdida; cuándo aun amando debes renunciar a todo aquello que considerabas era tuyo y solo tuyo por dignidad, solidaridad y fidelidad a tus principios y valores; cuándo debes aceptar tu realidad con los matices con los que inevitablemente viene adornada; y cuando debes decidir soltar tu pasado, para recibir con ambas manos y brazos abiertos un presente y un futuro diferente al que inicialmente te habías planteado.
Si como yo has sido empujado(a) con violencia y hoy te esfuerzas por mantenerte en pie, ten presente que:
1. TODO PASA las pruebas son temporales y si perseveras, al final recibirás tu recompensa (Santiago 1:2).
2. LOS TIEMPOS DE DIOS SON PERFECTOS (Salmo 18:30-34): hay un tiempo para llorar y un tiempo para reír; tiempo para estar de luto y un tiempo para bailar (Eclesiastés 3:4), aférrate a tus promesas.
3. ERES IMPORTANTE, CAMBIA TU ENFOQUE (Isaías 43:4): no olvides concederte el espacio para sentir y gestionar tus emociones.
4. DIOS CONTINÚA TRABAJANDO EN TI (Filipenses 1:6): obrará a tu favor, te dará paz.
5. DIOS ES TU PROVEEDOR (Filipenses 4:19): nada te faltará y te dará lo necesario.
6. ERES UN(A) GUERRERO(A) VICTORIOSO(A) (Romanos 8:37): no hay circunstancia o persona que pueda detener el plan de Dios para tu vida.
7. NO TE ANGUSTIES (Josué 1:9) deja todo en manos del Señor, CREE, CONFÍA Y AVANZA, esta vez se trata de ti, de tu supervivencia y de tu bienestar, nadie hará por ti lo que tú debes hacer por ti mismo(a).
8. BENDICE Y PERDONA: a Dios, a otros y a ti mismo(a); así allanarás nuevas sendas, estarás en paz contigo mismo(a) y con los demás, y harás sonreír al Señor.
Te abrazo fuertemente... ¡No estás solo(a)!
Escrito por Liliana Fragozo Sarmiento para darle la gloria y la honra a un Dios que TODO lo puede.

Comentarios
Publicar un comentario